viernes, 25 de septiembre de 2009
Más sobre el AVE
jueves, 24 de septiembre de 2009
Nuevo Hospital
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Gracias a la información facilitada por nuestro amigo Valentín (de Cezura) nos hemos enterado de que una de las alternativas del trazado del AVE afectará de lleno a nuestro Valle y a uno de sus patrimonios, el Cuevatón. Con vestigios de su uso esde hace 3000 años por los antiguos pobladores del Valle, no está catalogado como Bien de Interés Cultural, así que no se está obligado a protegerlo. Esperemos que el sentido común se imponga, y si es posible se elija otro trazado con menor impacto. Os mantendremos informados de las noticias que nos lleguen.martes, 8 de septiembre de 2009
El sestero de Valdelomar
En el monte de Agudedo, al Norte de la comarca de Valdelomar y a mitad de camino entre nuestros pueblos y San Cristóbal del Monte se encuentra una zona conocida desde siempre como el Sestero de Valdelomar.
Hasta hace no muchos años, en esas tierras cerca del Mardancho las gentes de los cuatro pueblos disponían de una zona comunal para que sus ganados “sestearan”, es decir pacieran y descansaran en las largas tardes del verano. Mucho ha cambiado la fisonomía de ese lugar. Si preguntamos a nuestros padres, nos dirán que en lo que ahora es una sucesión de monte bajo y “rebollas”, antaño era una amplia zona de pasto mantenida por la labor desbrozadora del ganado. El paso de los años y el abandono de la actividad ganadera en nuestros pueblos, han dado por resultado que lo que hasta hace bien poco era un terreno limpio y despejado se haya convertido en una verdadera selva surcada tan sólo por los cortafuegos que protegen los pinares plantados por el ICONA en la década de los 50 del siglo pasado.Hay quien afirma que esa actividad repobladora emprendida con un gran despliegue de medios animó, o más bien ayudó a la emigración masiva que se produjo en toda la comarca en aquella época. Hay que tener en cuenta que todos los habitantes de Valdelomar dependían en gran medida de los ingresos obtenidos por la ganadería, no sólo directamentamente por la venta de sus productos (lana, crías, animales de tiro) sino en la economía cotidiana como fuerza de labranza y con el aprovechamiento de sus derivados. Al roturar los pastos y dedicarlos a la plantación de unas especies (las coníferas) de crecimiento lento, y por lo tanto con unos rendimientos difusos y muy lejanos, nuestros padres o abuelos, por si no tenían bastante claro ya el poco futuro de su vida en esas adversas condiciones , se plantearon buscar una salida para sus familias en las zonas industriales que por aquel entonces empezaban a florecer en los arrabales de las cercanas ciudades.
Para hacernos una idea del número de cabezas de ganado del que estamos hablando, baste señalar que sólo en Castrillo estaban contratados dos pastores, uno para las vacas y otro para las ovejas y cabras. Quizás alguno de los que lean estas líneas se acuerden del señor Lucas y de Leovilgido, que fueron de los últimos que desempeñaron su trabajo en el pueblo. El Concejo de cada pueblo los contrataba por un período determinado de tiempo y les ofrecía una vivienda. Cada vecino aportaba su parte del sueldo del pastor en función del número de cabezas de ganado que tuviera, aunque también recibían parte el sueldo en especie, disfrutando de los rendimientos que daba el ganado. Los pastores recogían todo el ganado en un punto concreto del pueblo bien de mañana y salían con él hacia la zona del río, donde pasaban todo el día de pasto en pasto. Al mediodía solían concentrarse en la zona del sestero, donde descansaban unos y otros. Para tal fin, los pastores construían unos pequeños “chozos” o cabañas, hechas en piedra de manera muy rudimentaria pero efectiva, en las que podían refugiarse de las inclemencias metereológicas. Testigo mudo de aquella época es el chozo que aún puede verse a la vera de uno de los cortafuegos que circunda el pinar. Con el paso del tiempo, y al ir descendiendo el número de vecinos, y por lo tanto del ganado, la figura del pastor se volvió innecesaria, pasando ésta a ser desempeñada por los propios vecinos, rotándose entre ellos para cuidar los ganados de manera proporcional al número de cabezas que se tuviera, “tantas vacas, tantos días”, en un sistema que se conocía como la “vecería” o pasar la vez.
Parece ser que ya no habrá más pastores en Valdelomar, y los antiguos “Chozos” o se han caído, o son utilizados por los cazadores en los momentos de tedio de las batidas como improvisado refugio, pero a todos nos conviene saber que un día, (y no hace tanto) entre sus piedras se cocinaron los mejores arroces con leche del mundo (o casi).
lunes, 9 de febrero de 2009
Un cuento narrado en Valdelomar
Un cuento que El abuelo Julio contaba a su nieto Luis Haro.
Las Cabritillas y El Lobo
(Un cuento de mi Abuelo)
Hace muchos, muchos años, vivían en Castrillo unas cabras que fueron invitadas a una boda en Coroneles. Las cabritillas se pusieron muy contentas y subían la Cuesta de la Iglesia cantando y brincando, pero al llegar a la iglesia les salió al paso el lobo.
-¿A dónde vais tan contentas, cabras?
-Vamos a una boda a Coroneles, lobo.
-Pues no llegaréis, porque os voy a comer a todas.
Pero una cabra que era muy lista, le dijo:
-Mira lobo, no nos comas ahora, que estamos muy flaquitas; espera a que vengamos de la boda. Estaremos tan gorditas que te darás un banquete.
El lobo se quedó pensando un rato y le pareció una buena idea, pero les advirtió:
-Cuando regreséis, os estaré esperando aquí, y entonces os comeré.
Las pobres cabras se fueron muy tristes pensando que, a la vuelta, se tendrían que enfrentar con el lobo y no sabían cómo le podían ganar.
En esto que al llegar al río, se toparon con la raposa, que estaba bebiendo agua.
-Hola cabras, ¿por qué estáis tan tristes?
Las pobres cabritillas le contaron lo del lobo. Y la raposa, que tenía ganas de darle una lección al lobo, les dijo:
-No os preocupéis, yo os libraré del lobo; pero a cambio me tendréis que dar una tetarradilla de vuestra leche.
A las cabras les pareció una buena idea, y se fueron a la boda confiando en que la raposa, que era muy lista, se deshiciera del lobo.
La raposa corrió al encuentro del lobo, y le encontró sentado a los pies de la iglesia.
-Hola, lobo. ¿Por qué estás aquí, tan quieto?
-Estoy esperando a unas cabras. Vienen de una boda en Coroneles, y van a estar tan gorditas, que me voy a dar un festín.
-¿Si? -dijo la raposa; pues por el Otero vienen unos cazadorones, con unos escopetones que preguntan por el lobo del “culo pelao”.
-Anda si ese soy yo, dijo el lobo.
Y si no ha “parao”, todavía está corriendo.
Luis Haro.
lunes, 1 de diciembre de 2008
miércoles, 26 de noviembre de 2008
viernes, 21 de noviembre de 2008
Catálogo fotográfico.
Bula.
jueves, 20 de noviembre de 2008
jueves, 13 de noviembre de 2008
ARCHIVO Y EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA

miércoles, 12 de noviembre de 2008
Asociación Valdelomar


